Cuando te tocan situaciones difíciles o cuando necesitás tomar impulso y encarar nuevos desafíos. Ahí está tu fuerza interior. Redescubrila.

Muchas veces nos toca vivir una situación fea y nos vemos metidos en un baile que no vimos venir… ¡y no nos queda otra que bailar! Nos vemos obligados a surfear problemas que requieren cierta actitud de nuestra parte. Ante situaciones así, si no huimos, no nos enojamos ni colapsamos, lo que hacemos es enfrentarlas y tomar de ellas lo que tienen para enseñarnos.

  1. Decirle “Hola” a tus emociones
    Primero que nada, la principal tarea es reconocer y habitar nuestras emociones. Parece sencillo, ¿no? Pero la realidad es que muchas veces queremos pasar por alto lo que sentimos. Cuando estamos enojadas o desilusionadas, buscamos esconder nuestras sensaciones, pero, como dice el dicho, “lo que se resiste, persiste”. Por eso, si queremos que las emociones negativas no crezcan dentro, primero tenemos que darnos permiso para sentirlas.
  2. Revisar nuestros propios relatos
    Buscar nuestro “yo fuerte” también supone cuestionar todo eso que nos decimos sobre nosotras mismas.
    El asunto es que, a veces, los tenemos tan cocinados y listos para servir que terminan entrampándonos, porque son muy buenos para transitar ciertos momentos, pero no para creérnoslos del todo. Entonces, está bueno revisar esa historia a ver qué tan veraz es y qué tan vigente está hoy.
  3. Calibrar expectativas
    ¡Temón! ¿Qué pasa con las expectativas? Nos ponen en un lugar de espera y de ilusión. La palabra “expectativa” tiene raíces latinas y significa “esperanza de que pase algo”. Es decir, esperamos que pase algo a veces sin intencionarlo, sin activar algo en esa dirección, a veces sin siquiera comunicarlo. Entonces, si no pasa…, ¡zas!, viene el desencanto. A veces, tenemos que dejar que ciertas expectativas se esfumen o diluyan para siempre.
  4. Pedir ayuda
    Algunas veces confundimos el “pedir ayuda” como una debilidad, pero se necesita una gran fortaleza para saber que no podemos vencer todas nuestras batallas solas.
  5. Crear apego
    Cuando te enfrentás a un desafío, una decisión difícil o una crisis, recurrir a tus vínculos más potentes es una gran idea.