Aunque no lo enseñan en las escuelas, el primer y verdadero amor de todas las personas debería ser el amor por uno mismo. Es la base de la estabilidad emocional que muchos anhelan porque “nadie puede dar de lo que no tiene”.

Así que, en lugar de buscar la media naranja inexistente —porque según la psicología moderna, vos ya sos la naranja completa—, o de besar sapos mientras va en busca de príncipes —desteñidos—, procure amar a esa persona que se encuentra todos los días frente al espejo y deje de trata de hallar afuera lo que está adentro.

Para los psicólogos la falta de amor propio se evidencia, en gran medida, cuando alguien tiene fuertes sentimientos de inseguridad, soledad, miedo, enfado, vergüenza o culpa y, debido a eso, se convierten en personas que no saben poner límites, permiten el maltrato emocional, psicológico y hasta físico, en los casos más graves.

“Amarse es ser coherentes con las cosas que uno quiere realizar y hace bien. Muchas personas hablan de amarse a sí mismas pero son incapaces de buscar esas formas de amor. Es decir, saben que les gusta practicar determinadas actividades, pero no se permiten hacerlas”.

La forma de pensar sentir y actuar, cuando se tiene amor propio, permite que las personas se acepten y respeten a sí mismas, que confíen y crean en sus habilidades, en lo que verdaderamente quieren.