1.  Si estás mucho tiempo de pie en tu trabajo, tomate pequeños descansos cada 20 o 30 minutos y evitá salir a hacer trámites u otras diligencias durante tu horario de descanso. En cambio, si trabajás sentada, tratá de pararte cada 30 minutos para estirar las piernas, aunque al menos sean unos pasos para ir a buscar agua o salir al patio/terraza/puerta de la oficina.
  2. Sumerjí las pantorrillas y los pies en agua tibia o nadá en una pileta climatizada. El calor relaja los músculos y estimula la circulación. Un estudio publicado por el American College of Rheumatology informa que el ejercicio en agua tibia y hasta la cintura disminuyó el dolor en la parte inferior de la pierna en mujeres con fibromialgia. Estas mujeres disfrutaron la mejoría a largo plazo, manteniendo la fuerza muscular después de que el programa había terminado.
  3. Elongá tus pantorrillas para evitar calambres. La Academia Estadounidense de Cirujanos Ortopédicos recomienda un ejercicio: inclinate hacia adelante contra la pared con un pie frente al otro. Estirá tu pierna trasera e intentá poner tu talón en el suelo. Mantené la pierna delantera doblada. Sostené la posición de 15 a 30 segundos. Cambiá los pies y repetí.
  4. Si sentís tus piernas cansadas en exceso, visitá un traumatólogo para que revise si necesitás plantillas. La mala postura al caminar tiene muchísima incidencia sobre las piernas cansadas.
  5. Dormí con una almohada o una manta doblada abajo de tus pies para elevarlos sobre tu corazón. Así reducís la hinchazón o inflamación y mejorás la circulación. Otra opción, es poner unos taquitos a los pies de tu cama.
  6. Evitá los tacos o zapatos incómodos. Tampoco es recomendable usar calzado demasiado chato.
  7. Cuando llegás a tu casa después del trabajo, pasá unos minutos acostada boca arriba en el suelo. Poné tus glúteos contra la pared, levantá ambas piernas y descansá.