Reconocer actitudes sexistas en nuestros modos de pensar y actuar no es una tarea cómoda

¿A qué nos referimos con Construcción Social? hace referencia a que la realidad no existe como objeto externo real, sino que se construye socialmente mediante la interacción cotidiana. Una convención social que se ha transmitido de generación en generación y que en algún momento se volvió incuestionable, y que por lo tanto la creemos como “La Verdad”.

La importancia está en tener siempre presente la noción de cómo lo que conocemos es algo construido, que es una realidad entre paréntesis, y que por lo tanto puede ser deconstruida.

En el caso del género, a través de la historia se nos ha dicho que debido a nuestros cuerpos disímiles mujeres y hombres tienen capacidades diferentes, y por lo tanto roles distintos en la sociedad. De alguna manera entonces, cada órgano reproductor se asocia a cierto papel que debemos cumplir, ciertos gustos que debemos tener y a formas de ser que debemos expresar.
Si entendemos esto desde la mirada construccionista, ¿No será también una construcción social el pensar que el tener vagina me obliga a ser femenina y que el tener pene me obliga a ser masculino?

Y entonces surge la pregunta, ¿si el género es de hecho una construcción social?

El preguntarme quién soy yo y como llegué a constituir esta manera de ser, es el primer paso para reflexionar sobre cómo existen otras posibilidades, no sólo de identificarme sino que también de ver el mundo. La idea es cuestionarse, auto-observarse, y con suerte ver más allá de los estereotipos.

La deconstrucción es un proceso que lleva años y que implica un ejercicio diario donde el individuo se propone identificar, desarticular y eliminar cánones y micromachismos que lo han acompañado a lo largo de toda su vida.