La palabra feminismo ha sido demonizada desde que nació, precisamente porque nació de la necesidad real de igualar la posición de la mujer en la sociedad a la del hombre.

Educar niños feministas es buscar y promover un cambio en las bases sociales de privilegios establecidos históricamente para (y generalmente por) el género masculino.

En los últimos años a esta lucha feminista se ha unido la búsqueda de una corresponsabilidad real a la hora de la crianza y educación de los hijes.

Parece una tarea titánica pero si educamos a los niñes en el concepto real de igualdad, es decir, en el feminismo, nos daremos cuenta cuando sean adultos de que por fin vivirán en una sociedad que se parece más a la que esperamos puedan disfrutar.

Cómo educar en el feminismo

Tomamos como fuente el libro Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo de Chimamanda Ngozi Adichie, feminista, novelista y madre namibia, nacida en 1977 y autora de ensayos como Todos deberíamos ser feministas, el reconocido TEDx Talk que ha tenido más de un millón de reproducciones en su web y más de cuatro millones de visitas en YouTube.

  • Ejerce la paternidad y crianza conjunta. El papel de padre no es un satélite que orbita alrededor de la madre, debe tener el mismo rol activo en la crianza y educación de los hijos.
  • Los roles de género son una absoluta tontería, asegúrate de que tu hijo lo comprende. No hay “cosas de niñas” y “cosas de niños”, los camiones y coches no son masculinos de la misma manera que una muñeca no es femenina, son juguetes. Sin más.
  • De la misma forma, no hay ropas definidas y, no hay emociones que nos definan como género. Enfadarse no es más masculino que llorar y llorar no es más femenino que la asertividad de explicar lo que se siente. Son todas emociones válidas y nuestros hijos tienen derecho a sentirlas y expresarlas.
  • Enseña a tus hijes a cuestionarse el lenguaje, ya que el lenguaje es heredero de los prejuicios, creencias y presunciones de nuestra sociedad. “Lloras como una nena” son expresiones que oímos con relativa frecuencia y que entrañan lo peor de una sociedad caduca.
  • Enseña a tus hijes que las mujeres no necesitan ser defendidas ni idolatradas, simplemente necesitan ser tratadas por igual.
  • Enseña a tus hijes a rechazar la obligación de gustar. No existe la necesidad real de tener que gustar a todo el mundo, ni siquiera al prójimo. Por el contrario potencia la amabilidad en tu niño, la capacidad de ser sincero, la asertividad y que comprenda que tiene derecho a defender lo que es suyo, ya sean ideas, sentimientos o cosas materiales.
  • Haz que tu hije comprenda que hay muchos individuos y culturas que no encajan en la estrecha definición generalista de atractivo y belleza. Y que precisamente eso es atractivo y muy bello.
  • La biología no marca nada: “Enseña a tu hije que la biología es una materia interesante y fascinante, pero no debe aceptarla como justificación de la norma social. Porque las normas sociales las crean los seres humanos y no hay ninguna norma social que no pueda cambiarse”.
  • Nunca relaciones sexualidad y vergüenza. Porque no hay nada vergonzoso en el sexo, ni en los órganos sexuales, ni en vivir el sexo. Habla con tus hijos de ello, que comprendan la parte no solo física del acto sino la parte emocional que también se vincula. No demonices, no culpabilices: simplemente enseña, educa.

Diles que su cuerpo les pertenece a ellos y solo a ellos y que nunca deben sentir la necesidad de decir “sí” a algo que no quieran o para lo que se sienta presionado. Que aprenda que decir “no” cuando “no” le parece lo correcto es motivo de orgullo. Enséñale que de la misma manera que esto aplica para su vida y su cuerpo, se aplica para el de los demás. Si alguien te dice “no” es “no” y, como dueños cada uno de nuestros cuerpos, debemos respetarnos.

Enséñale la importancia de la salud. De ser una persona activa no por las percepciones físicas sino porque solo tenemos un cuerpo y nos tiene que durar sano hasta bien viejos. Líbrate de si estar delgado/fuerte/con carnes es más bonito, lo bonito de verdad es estar sano, y empéñate en que tus hijos lo comprendan.