De viaje, con amigos, en otro país y reunidos en una quinta por varios días, te contamos formas diferentes de celebrar las fiestas en la región.

Si bien la mayoría de las familias suelen celebrar la Navidad y el Año Nuevo con el típico ritual de la reunión alrededor de la mesa, el brindis y los saludos, hay muchas otras familias y personas que desde hace un tiempo comenzaron a celebrar estas fechas de una manera distinta. La Regional habló con ellas para saber de qué manera viven este tiempo de festejo, encuentro y disfrute.

Rocío Ricci y su familia, compuesta por cinco hermanos recuerda que “durante nuestra niñez solíamos juntarnos con la familia pero no con la familia más cercana sino que también había otras personas quizá no tan allegadas, que durante el año casi no veíamos”. Recuerda que en aquella época las fiestas eran “estructuradas” y su madre se ponía nerviosa con los preparativos: la comida, la bebida, que todos estuvieran cambiados y bañados en horario para poder llegar a la reunión. “Al final no se disfrutaba nada. Mi mamá terminaba muy cansada, agotada”. Pero desde hace algunos años la historia cambió: se reúnen varios días en una quinta, todos los hermanos, sus parejas y sobrinos, y comparten unos días en familia con un ritmo desacelerado. “La idea es estar tranquilos, sin preocuparse por quién viene, quién no. Se arman partidos de Chinchón, siempre hay música. Seguro hacemos pizza a la parrilla, o carne. Antes del encuentro hacemos un fondo común y realizamos una compra general para tener mercadería durante esos días. Los gastos se dividen entre todos”.

La historia de Rocío muestra cómo los Ricci pasaron de tener un festejo tradicional a una celebración más propia, donde la prioridad es el encuentro y el disfrute. Dos o tres meses antes de fin de año comienzan a buscar quintas accesibles, lo que a veces cuesta. “Generalmente hay pocas quintas en alquiler para esta fecha. Se nota que no somos los únicos que lo festejamos de esta manera” dice Rocío. Y está en lo correcto: cada vez más familias en la región optan por celebrar las fiestas en quintas, con pileta, parrilla y rodeados de verde.

Pablo Da Costa vive en España y, como muchos otros, migró durante la crisis del 2001. Nació en Ensenada, donde tiene a toda su familia. “Acá no se celebra como en Argentina en el sentido de petardos y fiesta con los parientes, sino que es más una cena familiar y luego se sale a tomar algo con amigos”, contó a La Regional.

Para Nochebuena el plan de Pablo es recibir en su casa a un grupo de amigos y este año no podrá realizar el ritual que durante muchas fiestas compartió con su familia en Argentina. “Nos subimos a una silla (para dar el primer paso del año con el pie derecho), con un bolso (para viajar), con pasaporte (para que el viaje sea internacional), y con una herramienta (para el trabajo). Cuando les cuento a mis amigos de acá este ritual que hacemos en Argentina se mueren de risa”, relató Pablo. En Catalunya, donde él vive, se celebra junto a la Navidad el Día de San Esteban y se realiza la ceremonia de las uvas, una costumbre que en Argentina también se ha ido adoptando. Para las fiestas estará en contacto con sus padres y hermanos: “Nos comunicamos siempre por WhatsApp, hacemos videollamadas o audios. Como siempre en cada una de las fiestas, de ambos lados del teléfono tendremos una prenda de Gimnasia, porque sigo siendo tripero y ensenadense”, dice Pablo.

Si bien se supone que las fiestas son un tiempo de encuentro, donde debe primar el buen genio y la alegría, no todo es siempre tan armonioso en esta época. Muchas familias tienen roces, diferencias y el hecho de verse obligadas a la reunión puede generar incomodidades. Se trata también de un tiempo difícil para aquellos que tuvieron pérdidas y extrañan a sus seres queridos, o que pasan por dificultades económicas. Por eso más allá de la pompa que muestran las revistas y los medios para esta fecha, lo importante parece ser encontrar un festejo que se ajuste a la medida de cada uno. Y así parece que le sucedió a Florencia, una arquitecta de la región de 32 años.

En 2017 Florencia decidió pasar Año Nuevo en Punta del Diablo, Uruguay, junto a dos amigas. Se decidieron por ese destino porque priorizaron un lugar con mar y tranquilidad. “Desde entonces elijo pasar Año Nuevo con amigos. La Navidad sí es para mi una celebración más familiar, pero cuando llega el fin de año siempre planeo alguna escapada con amigos. De hecho en 2018 también viajé con compañeros de trabajo a Uruguay y nos reunimos con amigos de amigos. Fueron días de mucho festejo y diversión”, dice Florencia. “Los amigos son parte de la familia y está bueno compartir el Año Nuevo con la familia que uno elige”.

Para quienes viven fuera del país, los festejos también suelen ser poco tradicionales. Como les sucede a Agustina y Tomás, que viven en Berlín desde hace poco menos de un año, a donde viajaron por motivos de trabajo. “Acá las fiestas coinciden con las vacaciones de invierno. Tenemos el calendario invertido en relación a Argentina: las clases comienzan luego de las fiestas y los adultos vuelven a trabajar”. Un rito muy tradicional en Alemania son los mercados navideños: ferias con puestos como cabañas donde la gente se sienta a beber vino caliente, lo que es una tradición. Se vende comida, hay juegos y objetos de diseño navideños.”Mis padres van a venir para las fiestas. También los hermanos de mi marido y unos primos. Se van a quedar todos en casa. Y haremos llamada virtual con la familia de Tomás”, contó Agustina a La Regional.

Otra diferencia en relación a nuestro país es que en Alemania durante el invierno casi no sale el sol y oscurece muy temprano: alrededor de las tres de la tarde, lo que hace que los días sean más cortos y el cansancio se siente a una hora más temprana. “Por eso, a diferencia de lo que solemos hacer en Argentina no nos vamos a quedar hasta la madrugada. Pero sí iremos a los festejos que se hacen en las calles y a ver el lanzamiento de fuegos artificiales que dicen que es tremendo”, contó Agustina.

Estas historias muestran que dentro o fuera del país, en familia o con amigos, de viaje o en la casa de algunos parientes, lo importante es el encuentro, el disfrute y el poder compartir con los afectos la llegada de un tiempo nuevo, que siempre renueva y da esperanza.