En turco, su nombre significa “bendición” y eso es exactamente lo que muchas personas piensan que es este alimento que se parece a un yogur y que obra su magia en el intestino, un órgano relacionado a gran parte de nuestra vitalidad y curiosamente, también a nuestras emociones.

¿El kéfir es yogur?

El producto terminado parece yogur porque es un alimento fermentado, pero no es yogur. Luce igual y se comercializa en frascos similares, pero tiene un bonus track que lo hace diferente: unos tipos de gránulos de un fermento vivo llamado justamente, kéfir. Eso gránulos le dan el nombre a la preparación.

¿Qué son los gránulos de kéfir?

Según el libro “Yogur, un alimento milenario” del Instituto Danone, los gránulos son nichos ecológicos sumamente complejos de bacterias y levaduras que conviven en una “armonía biológica” y contribuyen a la salud. Contienen además lípidos, proteínas y azúcares. Si los mirás a simple vista, se parecen a las flores del coliflor blanco, con una textura mucho más blanda. Estos nódulos se agregan a la leche o el agua para crear el alimento final.

¿Qué lo hace tan especial?

Los estudios modernos confirmaron que si bien no es mágico, como ningún alimento, el kéfir realmente contribuye a la salud general de una persona en gran parte, porque ofrece al organismo propiedades para su depuración. Se ha comprobado que lo que hace principalmente, es neutralizar las bacterias descomponedoras que se acumulan en el intestino a causa de una mala alimentación. Esas bacterias provocan muchas enfermedades, afectan el sistema inmune y aceleran el envejecimiento. Por esta razón, el kéfir está particularmente recomendado para las personas que tienen que reconstruir su microbiota intestinal, como las que tuvieron que realizar un tratamiento con antibióticos.

¿Cómo se consiguen los gránulos para preparar kéfir casero?

En general hoy se consiguen en forma de donación y hay muchas redes, especialmente en Facebook, que contactan a personas que los quieren con personas que los cultivan. También hay marcas que comercializan el producto terminado. Se consiguen en casas naturistas y en supermercados como los del barrio chino. Eventualmente, hay quienes venden el kéfir puro en las plataformas comerciales online.

¿Son fáciles de cuidar?

Muy. Una vez que los tenemos, se reproducen muy rápido sumergidos en leche. Si no queremos que sigan replicando, solo hay que guardarlos en el congelador y fermentarán más lentamente.

¿Cómo hacerlo en casa?

En un recipiente con tapa de cristal o de plástico, nunca de metal, se introducen tres cucharadas colmadas de gránulos por litro de leche. Lo recomendable es que la leche sea entera y que esté a temperatura ambiente. A continuación, se debe dejar reposar a esa misma temperatura al menos 12 horas. Una vez transcurrido ese tiempo, colamos la preparación con un colador no metálico, es decir, de plástico o de tela.

¿Hay riesgos de elaborarlo por cuenta propia?

Si. Es importante evitar el metal porque puede transferir a la preparación partículas tóxicas. Se desaconseja comprar el kéfir de producción artesanal: nadie controla lo que realmente “creció” en la producción de microorganismos.

¿Cómo debe conservarse?

El kéfir casero se puede conservar en la heladera en botellas de plástico hasta 15 días. Se puede mezclar con azúcar, con miel, con batido con frutas y frutos secos y con chocolate.