Parece que ser ordenado “está de moda” y hoy es lo socialmente más aceptado. Pero, ¿qué pasa con los que viven en estado de desorden, o en un plan más relajado con las cosas?

LA LEY DEL ORDEN

Para expresar nuestra personalidad, las personas usamos objetos para medir nuestra valía. Es su exceso el que nos distrae y, a fin de cuentas, no nos deja valorar nada.
El movimiento del orden de los minimalistas cada día gana mayor terreno. Va en contra de la corriente, se niega a tomar el consumismo como sinónimo del éxito para demostrar poder. “Menos es más”, se repite hoy como mantra.
El minimalismo reduce tus opciones de manera natural para que puedas tomar decisiones rápidas
Con lo indispensable, sabés lo que tenés, dónde lo guardás y por ende, evitás buscar cosas. Ese recorte se traduce en tiempo.

LA VIDA ES DESORDEN

Y acá, el desorden. El desorden está avalado por la ciencia: un estudio de la Universidad de Minnesota comparó habitaciones ordenadas y desordenadas: concluyó en que las desordenadas generan un mayor pensamiento creativo. La tendencia al minimalismo podía suponer un freno a la creatividad.
¿Existe alguna prueba de que un entorno pulcro ayude en algo?. A las personas nos encanta tener el control sobre el espacio en el que vivimos y trabajamos. “Y este control normalmente conlleva desorden”.
Reivindicar a aquellos que a simple vista suelen ser catalogados como perezosos, dejados o impuntuales por el simple hecho de ser desordenados.